Chile no cuenta con datos a gran escala que permitan conocer con precisión cuántos lácteos consumen sus niños ni de qué calidad. Los estudios disponibles, realizados por organismos como el INTA y grupos de investigadores de universidades locales, señalan que una parte de esa ingesta corresponde a productos ricos en azúcar y maltodextrina que no aportan los mismos beneficios que los lácteos naturales.

